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Según la ciencia dejar Facebook te hace bien

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¿Estás buscando mejorar significativamente tu calidad de vida y aumentar tu paz mental pero no quieres gastarte tus ahorros en uno de esos carísimos spas holísticos? Existe una solución muy sencilla: deja Facebook una semana.

El experimento “Taking-A-Week-Off-Facebook” realizado el año pasado por el think-tank danés Happiness Research Institute (sí, realmente existe un Instituto de la Felicidad que realizó un experimento sobre dejar Facebook una semana y eso habla bien del mundo). Para efectuar el experimento se dividieron 1,095 usuarios de Facebook en dos grupos, uno siguió usando la red social y los otros se mantuvieron si desconectarse.

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Los resultados de este sencillo pero elegante experimento mostraron que el grupo que pasó su tiempo fuera de Facebook mejoró su vida social, reportó un mejor estado de ánimo y mejoró su productividad. Entre las cosas que dijeron los beneficiados, se destacan que hablaron más con las personas (fuera de internet), hablaron con su familia y se sintieron más calmados.

Los investigadores teorizan que una de las razones por las que Facebook llega a tener un efecto tan nocivo tiene que ver con que ahí las personas son bombardeadas por “las mejores noticias de los demás”, lo que hace que la imagen individual palidezca ante tal despliegue de grandiosidad. Aunque podamos saber que las demás personas están editando sus vidas para mostrar lo mejor en una especie de permanente “make-over”, al ver las fotos fabulosas de los viajes y las parejas perfectas, el individuo suele deprimirse –o, como reacción, dirigir su energía a producir una vida similar, fantástica pero irreal (y a la larga insostenible).

Al navegar por un sitio como Facebook –también podríamos incluir a Instagram y muchos otros en este tratamiento–, las personas suelen entrar en un estado de distracción emocional en el que comparan sus vidas con las vidas de los demás, lo cual es un estado mental propenso a la tensión o por lo menos algo no muy productivo. Esta deriva provocada por perseguir una cauda de estimulantes bits tiene también la consecuencia de mitigar nuestra fuerza de concentración. Por todo lo anterior no debe de sorprendernos mucho que dejar Facebook una semana sea tan efectivo para hacernos sentirnos mejor.

Para su siguiente estudio los investigadores del Instituto de la Felicidad en Dinamarca intentarán hacer que las personas dejen Facebook un año. Quién sabe, tal vez con ese periodo consiguen encontrar una pareja, iniciar una familia e irse a vivir en el campo felizmente.

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Puede sonar ridículo, pero hemos llegado al punto en el cual es necesario tener dietas digitales que regulen el nivel de “calorías” de información que consumimos. De la misma manera que grandes partes de la población sufren o están por sufrir los achaques de consumir grandes cantidades de comida chatarra o alimentos procesados que poco nutren sus organismos, existe una especie de comida chatarra psíquica que igualmente amenaza la salud de nuestra población: el alto consumo de programas de TV o sitios de Internet en el cual la mente del consumidor recibe altas dosis de entretenimiento basura seguramente tendrá también efectos secundarios importantes. Todavía no conocemos del todo los efectos a largo plazo de los medios en los cuales estamos inmersos, y quizás sea prudente reflexionar e ir un poco más despacio. Recordemos a Masrhall McLuhan, quien advirtió que inmersos en los ambientes tecnológicos nos cuesta un gran trabajo percibir cómo estamos siendo modificado y no necesariamente para bien:

“Todos los medios, desde el alfabeto fonético a la computadora, son extensiones del hombre que causan cambios profundos y duraderos en él y transforman su ambiente. Y tal extensión es una intensificación, una amplificación de un órgano, sentido o función y, cuando sea que ocurre, el sistema nervioso central parece instituir un entumecimiento de autoprotección en el área afectada, aislando y anestesiándolo de una conciencia alerta de lo que le está sucediendo. Es un proceso similar al que ocurre cuando el cuerpo está sometido a un shock o a condiciones de estrés, o algo equivalente al concepto freudiano de represión. Llamo a esta forma peculiar de autohipnosis, Narcissus narcosis, un síndrome en el que el hombre permanece tan inconsciente de los efectos psíquicos y sociales que trae una nueva tecnología como un pez del agua en el que nada. Como resultado, precisamente en el punto en el que un ambiente inducido por un nuevo medio se vuelve hiperpermeable y transforma nuestro balance sensorial, se vuelve invisible”.

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